Parece que ambos se conocieron solo una tarde en la embajada de Chile en Madrid (lugar en el que trabajó Germán Vergara), pero se trabó entre ellos una amistad
que se mantuvo de forma epistolar, desde junio de 1939, hasta dos meses antes de la muerte del poeta, acaecida el 28 marzo de 1942.
Las cartas salieron a la luz en 2015 tras la investigación del historiador y periodista español, especializado en Chile, Mario Amorós.
En ellas, se descubre que el diplomático chileno, intentó mediar para mejorar la situación del poeta (tratando evitar su condena, o procurando, por ejemplo, su traslado a cárceles más salubres) y la de su familia (haciendo envíos periódicos
de dinero a su mujer e hijo). Miguel Hernández le llega a llamar familiarmente "tío" o "padre político", en algunas de esas misivas, a pesar de que entre ellos no había ningún parentesco.
Entre las cartas, donadas, entre 1989 y 1993, junto con otros documentos al Archivo Histórico Nacional por la familia del diplomático conservador chileno, también se conservan misivas que el poeta español intentó hacer llegar a Pablo Neruda, cartas de amigos de Miguel Hernández y de la viuda del poeta aGermán Vergara Donoso, agradeciéndole la ayuda económica, o comunicándole el deceso del poeta en 1942.
Documentando esta entrada, descrubro anécdotas sobre los ojos de Miguel Hernández, comprobando que "las historias", se despliegan y despliegan infinitas
veces como fractales. No existen fotos en color del poeta oriolano.
Recientemente Rafael Navarrete (funcionario, estudiante de Bellas Artes frustrado, autor de mágnificas revisiones coloreadas de antiguas fotos en blanco y negro en @historiacolor), definió y dio color (evocando a lo que en Chile llaman
retratos iluminados de nuestros antepasados) a la foto del carnet de
zapadores del poeta. Al darle color a los ojos... ¿cómo eran? En
los documentos de la milicia se dice que sus ojos eran pardos,
marrones. Su mujer decía que sus ojos eran verdes (debería ser el dato
más fiable). Su amigo Vicente Alexandre llegó a decir que eran ¡azules!. ¿Serían
de ese verde oliva que a veces parece pardo? En lo que sí coinciden
todos, es que cuando el poeta falleció, no fue posible cerrarle los párpados, cerrarle los ojos.
El poeta chileno Pablo Neruda hizo esta descripción de Miguel Hernández, y de esos ojos que no lograron cerrar: "...su rostro era el rostro de España. Cortado por la luz, arrugado como una
sementera, con algo rotundo de pan y de tierra. Sus ojos quemantes,
ardiendo dentro de esa superficie quemada y endurecida al viento, eran
dos rayos de fuerza y de ternura".
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