domingo, 16 de julio de 2017

Paréntesis paraqueño I (Paracas-Perú) 19/03/2016

Tras hacer una breve parada en Lima y visitar su interesante Museo Arqueológico Nacional (del que no encuentro las fotos por lo que tendré que hacer y reubicar su entrada en algún otro momento), decidimos pasar un fin de semana en el desierto de Paracas (departamento de Ica, provincia de Pisco), situado a 270 kilómetros al sur de Lima, o lo que vienen a ser unas tres horas y media de viaje en autobús (que fue como lo hicimos):

Paracas (y su península) está situado entre Lima y Nazca (las líneas de Nazca).

Elegimos la compañía de autobuses Cruz del Sur (la estación situada en la avenida Javier Prado Este 1109), de la que habíamos leído buenas referencias y que teníamos cerca del hotel de Lima. Así que por unos 60-70 soles que cuesta el billete (unos 16-19 euros), nos embarcamos, muy tempranito (alrededor de las 7 de la mañana) hacia Paracas. Estos autobuses disponen de un primer nivel con asientos reclinables, manta, televisión...


... y un pequeño aperitivo compuesto de zumo y sandwich (cuyas lonchas de relleno han sido cortadas por una máquina capaz de alcanzar un espesor de micras, prácticamente invisibles, vamos). 


Pero en general el viaje es agradable, y sorprendente, porque prácticamente todo el camino entre Lima y Paracas es abrumadoramente desértico: 

De Lima a Paracas

De Lima a Paracas

De Lima a Paracas

De Lima a Paracas

Y por algunas otras peculiaridades: 

- antes de poner en marcha el autobús graban en vídeo los rostros de los pasajeros por motivos de seguridad (pasa la azafata con la cámara en ristre)
- en algún sitio previamente había leído que no era conveniente abrir las cortinas durante el viaje y mucho menos hacer fotos a través del cristal para evitar atracos en las poblaciones (me pareció exagerado una vez hecho el viaje, pero no tengo referencias) y, 
- (eso sí que lo vi con estos ojitos, pero, claro, por el motivo anterior no tengo fotos), vi un cartel durante el viaje como este, sacado de la web:


Una vez en Paracas, que está al lado del mar, nos dirigimos al hotel (La Hacienda Bahía Paracas), lo que fue como llegar a un oasis. De hecho, tiene habitaciones (no era nuestro caso) de las que tienes que salir descalzo y en bañador porque dan directamente a la piscina!):

Hotel Hacienda Bahía de Paracas

Hotel Hacienda Bahía de Paracas
Vistas hacia el mar (aunque la playa no era muy allá).

Hotel Hacienda Bahía de Paracas


Después de comer, nos fuimos hacia el desierto de Paracas propiamente dicho, con nuestro guía Ricardo (del que había encontrado buenas referencias en otros blogs de viajes). Un recorrido de 50 kilómetros y unas tres horas. Más o menos este:


El ingreso a la reserva de Paracas es unos 10 soles (unos 3 euros).

Desierto de Paracas

El significado quechua (idioma de los incas) de Paracas es "lluvia de arena". Históricamente esta zona ha tenido bastante importancia pues fue el lugar de asentamiento de la cultura Paracas, civilización precolombina que se desarrolló entre los años 700 y 200 a.C. De ella quedaron vestigios muy bien conservados en sus enterramientos (por ejemplo en el Cerro Colorado), que la extrema sequedad de este desierto contribuyó a conservar. 

Cerro Colorado, desierto de Paracas
Vistas del Cerro Colorado

Los cuerpos (en los que se ha visto que ya practicaban la deformación de los cráneos y las trepanaciones) eran colocados en posición fetal, envueltos en mantos, luego metidos en cestos de mimbre que se rellenaban con ofrendas de comida, utensilios, cerámicas,... y luego envueltos en más mantos (unos 10 o 12) de compleja elaboración y decoración (son famosos los mantos de Paracas), y finalmente enterrados.

En el recorrido, empezamos viendo fósiles marinos. Los turritela (turritella woodsi), moluscos que datan de hace 45 millones de años (del Eoceno):

Fósiles en el desierto de Paracas


Se supone que más al sur (en la zona de Ocucaje) se han encontrado fósiles de ballenas, tiburones, tortugas, focas, un tipo de pingüino gigante extinto (de 1-1'5 metros de altura), y otras aves y moluscos gigantes.

Rocas y sal en el desierto.

Visitamos los restos de lo que fue La Catedral, un arco rocoso formado por el mar en los acantilados, que fue icono de Perú, hasta que se derrumbó en un terremoto de 7'9 grados en agosto de 2007:

La Catedral, desierto de Paracas
Aspecto actual

Aspecto anterior al terremoto

Desierto de Paracas
Perfil de la costa a la derecha de La Catedral, hacia la playa de Yumaque.

Playa de Supay, desierto de Paracas
Perfil de la costa a la izquierda de La Catedral, playa de Supay ("diablo" en quechua).

Playa de Supay, desierto de Paracas

Continuamos hacia la playa Yumaque:

Playa de Yumaque, desierto de Paracas

Playa de Yumaque, desierto de Paracas

Después subimos a una elevación que permitía tener una  buena panorámica del desierto:

Desierto de Paracas

Desierto de Paracas



Desierto de Paracas


Desierto de Paracas

Y ya en la bahía Lagunilla, visitamos la playa Roja, cuya coloración se debe a los depósitos de granodiorita rosada, roca ígnea que se desprende por los golpes del mar en los cercanos acantilados de Punta Santa María y se deposita en esta playa, contrastando con el amarillo de sus propios acantilados:

Playa Roja, desierto de Paracas

Hasta la playa La Mina:

Playa La Mina, desierto de Paracas


Estratos en la playa de La Mina.

Y de regreso al hotel, se ponía el sol hacía la playa: 

Hotel Hacienda Bahía de Paracas

Otro motivo por el que Paracas tiene importancia histórica, es porque en la ciudad de Paracas se produjo el desembarco del llamado libertador José de San Martín en Perú, en septiembre de 1820. La intención del argentino San Martín era liberar a diversos países sudamericanos de la corona española. Durante las batallas que llevó a cabo contra las tropas españolas, se dio cuenta de la importancia de que Perú fuera uno de los primeros países liberados, ya que era el centro del imperio en sudamérica y el que más lazos (y más fuertes) tenía establecidos con el imperio español. Cuenta la leyenda que tumbado en estas playas vio (o soñó) cruzar un pelícano, que con sus alas rojizas y su cuerpo blanco le inspiró en el diseño de la bandera del Perú independiente.


La visión o sueño de San Martín.

Terminamos el día viendo el museo que hay en su interior, con muestras de los famosos tejidos de la zona:

Museo del Hotel Hacienda Bahía de Paracas

Museo del Hotel Hacienda Bahía de Paracas

Museo del Hotel Hacienda Bahía de Paracas

Y otros objetos muy refinados de distintas zonas de Perú: 

Museo del Hotel Hacienda Bahía de Paracas

Museo del Hotel Hacienda Bahía de Paracas

Museo del Hotel Hacienda Bahía de Paracas

lunes, 10 de julio de 2017

Están locos estos chilenos ? XIX (Violeta Parra)

En 2017 se cumple el centenario del nacimiento de Violeta Parra, y el cincuenta aniversario de su muerte. Y es que la autora de la canción "Gracias a la vida" se suicidó poco después de escribirla, en 1967.


En Santiago existe desde 2015, un museo dedicado a esta polifacética artista chilena, que nació en la VIII región de Bío-Bío (aunque no está claro si en la localidad de San Fabián de Alico o en la de San Carlos).

Museo Violeta Parra, Santiago
 Entrada al museo en la calle Vicuña McKenna, número 37.

Aunque su padre fue el profesor de música Nicanor Parra Parra, Violeta nunca tuvo una educación reglada. De infancia enfermiza, y familia nómada, fue fundamentalmente autodidacta y desde muy pequeña (tras el fallecimiento de su padre) se vio obligada con sus otros siete hermanos a ayudar a su madre costurera, en el sostenimiento de la familia (tocando y cantando en fondas y restaurantes).


Ya viviendo en Santiago y más centrada en la música y el canto, a partir de 1950 se dedicó a recopilar la tradición musical chilena recorriendo todo el país, llegando así a ser considerda una de las mayores folcloristas y divulgadoras de la música popular de Chile.

Museo Violeta Parra, Santiago
 Canciones de Violeta pegadas en los muros de la entrada del museo.

Con sus primeros éxitos, comenzó a viajar por Europa, y a pasar temporadas en otros países como Argentina, Francia y Suiza. Y a diversificar sus formas de expresión realizando cerámica, escultura con alambre, pintura y bordados sobre arpilleras, como los que se pueden ver en el museo, y con los que realizó una exposición en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre, en 1964.

Museo Violeta Parra, Santiago
 Cartel bordado anunciando la exposición.

Museo Violeta Parra, Santiago
Arpillera restaurada bordada titulada "Contra la guerra" en la que Violeta se representa en el personaje de la izquierda, de color violeta.

Ya de regreso a Santiago, el fracaso de su centro cultural en la comuna de la Reina y diversos desengaños amorosos, la llevaron a un prematuro final en 1967.

Museo Violeta Parra, Santiago
 Facsímil del manuscrito de la canción "Gracias a la vida".

Museo Violeta Parra, Santiago
Guitarrón de 25 cuerdas como el que Violeta Parra se empeñó en que Isaías Angulo (en la foto) le enseñara a tocar, a pesar de que sólo podían tocarlo los hombres.

Su museo en Santiago es reciente, pequeño, pero puesto con mimo y voluntad de crecer y perseverar. Recomiendo encarecidamente adherirse a una visita guiada, que ayuda a entender a la persona de Violeta (a "la Violeta", como la llaman en Chile) y a desentrañar el porqué de los objetos recopilados. 


La entrada es gratuita y hay un calendario diverso de actividades, recitales y conciertos.

Museo Violeta Parra, Santiago
 Carteles conmemorativos de los cien años de Violeta Parra. Al fondo los troncos de los árboles sonoros, que al abrazarlos emiten canciones de Violeta.