lunes, 13 de junio de 2016

Están locos estos chilenos ? XVI (Pedro Subercaseaux)

Dando vueltas por esta ciudad de Santiago, y por Internet buscando información sobre lo que veo, tropecé con los cuadros y la historia de un pintor chileno de apellidos complicados (pero comunes por estas tierras), que me llamó mucho la atención: Pedro Subercaseaux Errázuritz (1880-1956).

Este pintor, que era bisnieto del primer Subercaseaux (médico) que llegó a Chile desde Burdeos en 1757, y del primer Errazuritz que llegó a Chile desde Navarra en 1735, se dedicó a ilustrar episodios de la Historia de manera documentada y minuciosa. Y con cierto aire de cómic, que para mí las hace muy atractivas:

- Por ejemplo, "La Expedición de Diego de Almagro a Chile":


- "El joven Lautaro" (el mapuche que se ganó la confianza de Pedro de Valdivia, para luego ponerle en jaque durante la Guerra del Arauco):

- "La Jura de la Independencia de Chile":

- "Bendición de las Banderas de El Cid":


Me parece muy curiosa la manera en la que involucra al espectador en el cuadro, pintando personajes que miran directamente al observador, desde la pintura:

- En "La Primera misa en Chile":


Subercaseaux también pintó una tira cómica sobre el que se considera el primer personaje de cómic chileno: un alemán (de los muchos que debían llegar al país en aquella época) Federico von Pilsener, y su perro Dudelsackpfeifergeselle.

Pedro Subercaseaux estudió en Europa, ganó numerosos premios (nunca un primer premio en Argentina, por ser chileno) y situó algunos de sus cuadros en lugares destacados, como en el Salón de Honor del Congreso Nacional, el "Descubrimiento de Chile por Diego de Almagro":

Parece que, cuando el cuadro se mostró ante los que tenían que aprobarlo, estos criticaron todo lo que veían y lo que no (porque alguno de ellos no veía demasiado bien, como el ya anciano profesor Luis Thayer Ojeda). El pintor dijo más tarde que de todas las críticas, la que siempre le persiguió, fue una sobre las delicadas patas del perro de la comitiva, incompatibles, según quién opinó, con el cruce de la cordillera.

El cuadro en su emplazamiento actual.

Es el único pintor sudamericano al que se le ha encomendado el retrato de un Papa (Pío X) para la Galería de Papas del Vaticano. Tuvo que acudir dos veces: en 1911 para realizar el cuadro vestido de frac (como obligaba el protocolo), y treinta y seis años después, para pintar una aureola dorada en la cabeza el Papa que había sido canonizado. 


Pero lo llamativo de la historia de este pintor, y por lo que lo incluyo en esta sección sobre la "¿locura chilena?", es porque después de trece años casado, y tras quedar impactado al realizar una serie de cuadros de la vida de San Francisco, acuerda con su mujer Elvira Lyon Otaégui, retirarse ambos a la vida monacal. 

Tras pedir permiso al Papa, ella se clausura en España (Toledo), y él como monje benedictino en la isla británica de Quarr, donde siguió trabajando en pinturas, ilustraciones y ornamentaciones. Nunca volvieron a verse.


La fama de sus pituras en Inglaterra le llevó a tener encargos para otras abadías. Dicen que "a los que admiraban sus pinturas no les decía que él las había pintado, pero a los que no las apreciaban, sí".


Finalmente consiguió fundar un monasterio de la Orden Benedictina en Santiago, donde vivió sus últimos años.

2 comentarios:

  1. Era todo un personaje….
    Lo mismo te pinta un cómic, que al Papa con un realismo que raya el 3D…
    La verdad es que a mi también me ha dejado intrigada con lo del retiro espiritual. Habrá que consultar la ouija.
    Besetes

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  2. Hola. Si quieren saber más del pintor pueden preguntarme. Estoy trabajando en la vida de él.
    Saludos.
    Verónica

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